Estatua de piedra del siglo XVI de Santiago Apóstol, que lo representa en una postura de serenidad y dignidad. El tratamiento del rostro, con sus rasgos sobrios pero expresivos, evidencia la influencia del Renacimiento ibérico y una notable maestría en la talla de piedra. Los pliegues de la vestimenta están finamente ejecutados, creando un equilibrio armonioso de volúmenes y otorgando a la obra una fuerte presencia escultórica. Se aprecia una pequeña grieta en la parte posterior, pero no afecta la estabilidad ni la impresión general de la pieza. La calidad del modelado y la atención al detalle en todos los aspectos indican que esta escultura fue concebida, sin duda, para ser contemplada desde múltiples ángulos.